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PULSACIÓN

NO SON DOSCIENTOS

Bicentenario

NO SON DOSCIENTOS

Revolución, pueblo, guerrilla son las palabras menos mencionadas en estos días. Tampoco se habla de lo que pasó antes del 25de mayo de 1810, pero a lo mejor se puede pensar esta fecha desde otra perspectiva.

La euforia del bicentenario es explicable, lógica y hasta ponderable. Hay que recordar que Estados Unidos, en 1976, y Francia, en 1989, tuvieron su bicentenario, y el mundo se enteró de ello. No está mal que el mundo se entere que en el rincón más injusto del planeta, en la América donde los ricos son muy ricos, con miles de millones de dólares en sus colchones y entrando en los top forty de la revista Forbes, y los pobres son muy pobres, con desnutrición infantil, mortandad de niños antes del primer año de vida, fiebre amarilla, dengue y sida, con cifras poco distintas a las de África, se recuerden los doscientos años de la revolución independentista exitosa. ¿Exitosa?

Pero a su vez no viene mal aclarar a los patriotas, patrioteros, patriotistas y los que practican el deporte del nacionalismo, que no se cumplen 200 años de patria, ni de nación ni de estado. Ya hay comunicadores, curas, militares, políticos que apenas terminaron el preescolar y otras aves del mismo plumaje que convocan a festejar los doscientos años de la Argentina. Y me parece que les corrieron los orinales.

Las flechas y las fechas

Los españoles dominaron el territorio americano durante 332 años, es decir desde 1492, año de la llegada de Colón al continente, a 1824, año de la última batalla por la independencia en Ayacucho. Hoy muchos países de América Latina celebran doscientos años del proceso revolucionario que derivó en la declaración de la independencia. Chile, Venezuela, México, por mencionar algunos. Bolivia tiene un proceso más rico e interesante, donde el grito revolucionario de 1809 fue un chispazo en el proceso rioplatense, pero que en el siglo XVIII deja un tendal de mártires por la libertad. En el caso argentino se cumplen 200 años de la Revolución de Mayo, del inicio del proceso que seis años más tarde derivará en la declaración de la Independencia. Por eso no rechazamos la posibilidad de que se celebren los 200 años de la revolución de mayo, a la vez que creemos justo decir que no son 200 años de Argentina.

Pero podemos sugerir algunos otras fechas como para marcar un hito acerca del nacimiento de la Argentina, como por ejemplo 1516, cuando Juan Díaz de Solís descubre el Mar Dulce, y a los pocos días es invitado a comer un suculento asado en tierra de charrúas, donde el plato principal fueron él y sus marineros, siendo los primeros europeos en tomar contacto con la comida nativa rioplatense, siendo ellos mismos el manjar. El pobre Juan Díaz no pudo gritar “un aplauso para el asador”, pero como premio consuelo se empezó llamar a su descubrimiento como Mar de Solís, el mismo donde arribó en 1536 el adelantado Pedro de Mendoza, quien llevó  adelante la fundación de Buenos Aires, experimento que falla por partida doble, ya que Pedro murió al volver a Europa sin encontrar el remedio que vino a buscar para su enfermedad venera, y a la vez la ciudad termino asediada y destruida por los nativos. De todas maneras hubo algunos muchachos que habían navegado Paraná arriba, fundaron Asunción, y muchos años más tarde, en 1580, una nueva generación, entre ellos indios y mestizos, arribaron para fundar por segunda vez Buenos Aires.

Así que ya propusimos en pocas líneas algunas fechas, y para no hacerla tan larga puedo agregar la de 1776, pero no por la independencia de Estados Unidos, sino por la creación del Virreinato del Río de la Plata. Acá los guaraníes tienen una importancia vital, ya que más de 3000 soldados de las misiones, todos indios, ayudaron a Cevallos, a liberar Colonia del Sacramento de la ocupación portuguesa. Los indios tenían experiencia en guerra de guerrillas contra los bandeirantes, y eso lo aprovechó Cevallos para consolidar la presencia española en el estuario.

Un parto muy largo

Como vemos no es fácil ponerse de acuerdo para marcar el nacimiento de la argentinidad, el día que parieron la patria, el momento que nació la nación, el alumbramiento del ser nacional.

Una característica típica de los argentinos es tomar mate, el cual no fue creado por los españoles, ni por ningún europeo iluminado, sino que es un invento guaranítico, y no tiene ni doscientos, ni trescientos ni quinientos años, sino que se hunde en la memoria de aquellos salvajes buscadores de la tierra sin mal. La calabaza, la yerba mate, la caña usada como bombilla son elementos de esta región del globo, y los que intentaron hacer los europeos, a través de los curas jesuitas, al ver que los aborígenes se entusiasmaban con aquel brebaje, fue prohibirlo. Pero el fracaso fue rotundo, y los de traje negro, como buenos seguidores del carpintero judío decidieron hacer dinero con la plantación de yerbatales, para explotar, exportar y hacerse algunos reales.

Si hablamos de otros productos criollos, americano pleno, podemos mencionar los alimentos que se elaboran con maíz. Mazamorra, humita, polenta, y todas las exquisiteces que puedan ocurrirse, desde la sólida sopa paraguaya, pasando por el insulso pochoclo de sala de cine. Ni doscientos, ni quinientos, ni mil años, sino que los milenios no alcanzan para entender el peso que tuvo la dieta del maíz en nuestros pueblos. A tal punto que los relatos mayas de la creación no se basan en el barro, como son los textos semíticos de la Biblia, sino en maíz, donde los dioses crearon a los hombres de maíz. Y Dios vio que estaba bien, y amaneció y anocheció en la noche de los tiempos.

En cuanto a la vestimenta me referiré solo a una prenda, aunque Colón se asombraba que los salvajes anduvieran desnudos. Lo que asombra es la falta de sentido común del genovés y su puritanismo cristiano, que no le permitían entender que en una región donde la temperatura media anual supera los 30grados centígrados los pobladores no pueden andar con ropas de cuero, ni mucho menos con algo de lana. Pero en toda América, no solo en la Argentina, antes de la llegada de los europeos, se usaba el poncho, producto de abrigo, de protección ante las lluvias, de cobertura. A tal punto eran importante los tejidos, que en el sur del continente los dibujos y símbolos estampados en los ponchos eran mensajes cifrados, que iban más allá de lo estético. Y la misma Virgen, en Guadalupe, decide mandar un mensaje cifrado a los aztecas a través del poncho del indio Juan Diego, a tal punto que el pueblo azteca empieza su conversión al cristianismo a través de esa imagen.

Y va a saltar algún defensor de lo afro, queriendo señalar que el ritmo de América lo ponen los esclavos que traen los europeos, lo que no negaré con énfasis. Solo que recordaré que la caja, el kultrun y otros instrumentos percusivos de diversas regiones de la Argentina y de América, tienen más de 200 años, más de 2000 años de existencia. A ello habrá que agregar los antiguos sikus, pincullos, quenas, entre infinidad de otros instrumentos musicales americanos y argentinos, los cuales, como es obvio, tienen más de 200 años de existencia.

La identidad de un pueblo

Sin extenderme más, contesto a los que van a aducir que nuestro país tiene identidad por el idioma, como si antes los pueblos originarios no hablaran entre ellos, ni se entendieran a pesar de dominar lenguas diversas. Lo que se impuso, a hierro, fuego y violencia de todo tipo, fue un sistema que apuntó a hacer desaparecer las lenguas y hacer primar una sola, proveniente de una región de la península ibérica, Castilla. Pero el paso del tiempo nos permite ver que el guaraní, el quechua, el aymara, el mapuche, el wichi, y decenas de decenas de idiomas siguen su lucha, resistiéndose a desaparecer desde hace más de dos siglos.

Sin dudas que el festejo bicentenario disparó las reflexiones anteriores, y en ese sentido es importante dejar de lado el espíritu marketinero de la fecha para pensar la Argentina, para pensar América, unida y no fragmentada como quieren los defensores del shopping, el consumo, el mercadeo y la cotización de la moneda extranjera.

Fabián Domínguez

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